sábado, 1 de agosto de 2020

Esta noche, la libertad, de Dominique Lapierre y Larry Collins
por Andrés G. Muglia


El link:
https://www.culturamas.es/2020/05/06/esta-noche-la-libertad-de-dominique-lapierre-y-larry-collins/

Esta noche la libertad es la historia novelada de la independencia de la India. Lapierre y Collins publicaron esta obra en 1974 después del éxito de ¿Arde París? y ¡Oh, Jerusalem! Como sus predecesoras, Esta noche… fue best seller en Francia, encabezando las listas de textos más leídos durante nueve meses. 
A veces llegamos a un libro como a un espectáculo de teatro o a una sala de cine, con prejuicios. Juzgamos la pieza o el film antes de verlos, por los actores o el director. En mi caso desconocía los autores de Esta noche la libertad, pero desconfiaba del género: historia novelada. Soy de la idea, un poco rígida lo acepto, de que el género historia novelada (no confundir con novela histórica) o biografía novelada, son una suerte de “cuentitos” para los lectores que se aburren de la Historia a secas. Un modo de mejor tragar una píldora que sería difícil de administrar de otro modo. Debo decir que los autores de este libro derrumbaron ese prejuicio.
La “novelés” (¡neologísmo!) de Esta noche…, es tan contenida, tan correcta, tan en su sitio, lo justo y necesario entre los datos históricos, que uno se olvida de que está leyendo un libro en esa clave. Los diálogos son acotados, los necesarios para situar los personajes (a las personas) y establecer conexiones entre ellos y con el escenario histórico. En ningún momento tenemos la sensación de que la imaginación de los autores ha tomado demasiado vuelo alejándose del rigor de la Historia.
Sí encontramos en Esta noche… una estructura de novela actual en el sentido de que la acción se entrelaza siguiendo a los personajes principales, cuyo camino dentro de la historia se va alternando como en un fundido encadenado cinematográfico. Personaje principal: el Barón Louis de Mountbatten. Primo del rey del Reino Unido Jorge VI, joven héroe de la reciente Segunda Guerra (recordemos que la decisión de independizar la India ocurre alrededor de 1947) es designado por el gobierno británico del laborista Clement Attlee para hacerse cargo del virreinato de la India. Personaje principal: el Mahatma Gandhi. Mítico revolucionario hindú que puso de rodillas al imperio británico mediante la desobediencia civil no violenta. El destino de estos dos hombres tan opuestos: un noble europeo que contaba con parientes en todas las cortes de Europa y un líder hindú que tenía por todas posesiones la túnica que llevaba puesta, un reloj de bolsillo y una escudilla de estaño que le habían dado en la cárcel; se cruzaría en un contexto ya de por sí fascinante, incluso si ninguna historia digna de ser contada hubiese ocurrido allí. Pero ese no es el caso. Porque si en algo es rica esta región es en historia.
La India milenaria del valle del Indo invadido por los arios cuya historia sería reinterpretada por un pequeño cabo austríaco llamado Hitler para inventar un antecedente falaz con el cual justificar un genocidio. La India del imperio mongol de Gengis Kan que abarcó en su momento de esplendor desde Corea hasta el río Danubio. La india de los cuentos de Kipling, donde los príncipes más ricos de la tierra, los más de 500 Maharajas indios, cazaban al fabuloso tigre en hombros de sus ejércitos de elefantes. La India de Lahore, capital del imperio Mongol, de Nueva Dehli, de Cachemira, de Bombay, de Benarés y de Calculta;  ciudad fundada por los ingleses en el siglo XVII, famosa por ser la más injusta de la tierra gracias a su contraste entre los barrios y palacios erigidos para los sahibs británicos y la inconcebible pobreza de sus tugurios. La India donde convivían bajo el yugo inglés: los hindúes, divididos en férreas castas entre la que se contaba la de los “intocables”; los musulmanes, cuya religión había sido introducida bajo el dominio mongol; y los sikhs, religión mezcla de las dos anteriores cuyos fieles eran míticos guerreros. La India de los diez mil dioses y diosas, de las decenas de templos de inconcebible esplendor que convivían con la pobreza más extrema, de las vacas sagradas y del Ganges, el río santo. La India donde el lujo y la magnitud del palacio del virrey británico era sólo comparable con el Versalles de Luis XIV o el Hermitage de los Zares rusos.
Esa India, escenario digno del más exquisito sueño o de la peor pesadilla, es donde Lapierre y Collins se disponen a contar el momento decisivo cuando, tras casi un siglo de dominación, un imperio británico quebrado por la guerra decide soltar la mano de su más preciada posesión.
En ese punto de inflexión comienza el relato. La complejidad de la narración está dada no sólo por lo intrincado del momento social y político particular de la India y del mundo de posguerra en general, sino por lo enmarañado de un contexto multicultural de una riqueza étnica, antropológica, histórica, teológica y demográfica difíciles de creer. No podrán los autores desentenderse de ese contexto y estarán obligados a explicitar en líneas generales la compleja sociedad india y su historia. Quizás, además del apasionante devenir de la narración de la independencia india, que parece precipitarse de golpe luego de los prolongados esfuerzos de Ghandi y sus seguidores, la descripción del escenario es lo que hace de este libro una obra tan atrayente. Por momentos esa descripción resulta tan interesante que el lector queda con ganas de más. En ese sentido Esta noche… actúa como disparador de nuevos intereses, estímulo para seguir investigando en otras fuentes este país inagotable.
Pero el eje de la obra pasa por las consecuencias que desata la determinación de la corona británica por deshacerse de su dominio más preciado. Y es que, a pesar de que la independencia fue el sueño de Ghandi, Nehru y otros valerosos activistas indios que pasaron parte de sus vidas perseguidos o encarcelados, y que el lema impulsado por el máximo líder revolucionario fuese “fuera ingleses de la India”; cuando por fin los británicos decidieron renunciar a su dominio, no hicieron otra cosa que abrir una caja de Pandora cuyos monstruos dormían al amparo de la amenaza del amo blanco. Antes de la independencia, fuerzas opositoras cuya tensión hacía insoportable ya el dominio británico, estallaron y sometieron al país a una virtual guerra civil. La antagonía entre hindúes y musulmanes, fogoneada por líderes como Muhammad Ali Jinnah, partiría literalmente el país en dos. Así surgirían de la independencia de la India, no uno, sino dos países soberanos: la India y Pakistán. Para desesperación del Mahatma la nueva nación sería dividida. Los musulmanes tendrían su propio país al norte en el Penhab y separado por territorio indio al este en la región de Bengala (que más tarde se convertirían en Bangladesh), llamado Pakistán; y los hindúes contarían con la mayor parte de la península.
Pero hindúes y musulmanes convivían en una mixtura centenaria imposible de dividir sin un profundo desgarramiento. Las matanzas y enfrentamientos dieron lugar a escenas dignas de la pluma del Dante. Crueldades que se describen en abundancia a lo largo de Esta noche… y que, si no fuese por la profusión de pruebas aportadas por los autores, serían difíciles de creer. 
La traumática división de la India dio lugar al éxodo más grande de la historia del hombre. Se calcula que más de catorce millones de personas se trasladaron a un lado u otro de la nueva frontera. La mayoría perdería todas sus posesiones materiales y muchos a todos o buena parte de sus seres queridos. El odio, la violencia y la rapacidad se cebó terriblemente sobre los emigrantes, sumados a la inclemencia del clima que retrasaba la época de las lluvias. Desesperados, los dirigentes indios con Nehru a la cabeza pidieron auxilio del ex virrey Mountbatten, que actuó veladamente, constituyendo un gabinete de emergencia que ayudó a paliar la crisis. Por su lado, Gandhi contribuyó a pacificar el convulsionado escenario a fuerza de poner en juego su vida por medio de huelgas de hambre. El pueblo indio, que lo amaba sin distinción de a qué credo perteneciera cada quien, depuso la violencia en varias ocasiones para que el pequeño Mahatma pudiera seguir vivo.
Pero no todo era amor hacia Ghandi. El último tramo del libro lo constituye una descripción pormenorizada y documentada del atentado que costaría la vida del líder hindú. Los hechos narrados, los personajes que perpetraron el atentado, la inexplicable inacción de la policía (el que terminó asesinando a Ghandi sería el segundo de dos atentados), los interrogatorios transcriptos y testimonios directos constituyen un documento notable de cómo se llevó a cabo uno de los asesinatos más significativos del siglo XX. 
Con esto cierra un libro fascinante. Extenso sí, a veces la narración peca de cierta lentitud. Pero lo narrado, el contexto y lo personajes son tan complejos, que es digno de admiración el trabajo de Lapierre y Collins para ensamblar todo en un texto que, a pesar de las dificultades, supera el desafío y deja como flotando el mismo mensaje de aquella frase del Mahatma que día a día se actualiza en un mundo que no aprende: “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.

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